sábado, 3 de julio de 2010

Lo supe en el momento en que te vi,
Quererte iba a dolerme de verdad.
Pero volví a mirarte y comprendí
Que iría contigo hasta el final
Pero las ilusiones son como las telarañas, que son muy fáciles de deshacer, y en seguida volvía a la realidad. ¿Y dónde estaba la felicidad? ¿En los ayeres? ¿En los mañanas? No, ciertamente, en esta hora, en este minuto, en este segundo. Sólo teníamos una cosa, una tan sólo, que nos diese una chispita de alegría: la esperanza.

Mis pensamientos huían frenéticamente, tratando de escapar de la cárcel y buscar el viento para que me abanicase el pelo y me picase la piel, y me hiciera sentirme viva de nuevo.
Después de todo, estábamos dejando nuestra huella en el mundo, estábamos transformando en algo bello una cosa que hasta entonces había sido gris y fea.

El genio creador comienza en el momento inactivo, soñando lo
imposible, y convirtiendo luego lo imposible en realidad.
Bailar al compás de música tan bella era algo que me sacaba de mí misma, y me hacía
olvidar, por un momento, que la vida estaba pasándome de largo. Pero ¿qué importaba si yo
estaba bailando?
¿Dónde se ponen los ojos cuando ya se ha visto todo? ¿En qué dirección deben ir los pensamientos cuando el soñar despierto sólo sirve para crear problemas?